Volver de un gran viaje y no morir en el intento: consejos de una resucitada

Yo morí.

Y ahora estoy resucitando. Entonces, lejos de creer que no tengo nada que enseñar sobre la catástrofe a la que yo no supe sobrevivir, estoy segura de que esta muerte me enseñó cómo no morir al volver de un gran viaje o de la vida en otro país. 

Suena ridículo, volver siempre parece la parte más cálida y más bonita: los reencuentros, el hogar, mamá y papá, los gatos, tu cama, el baño de tu casa… Sin embargo, una vez superada esa primera fase dulce del regreso, comienza el duro choque con la realidad.

El otro día hablaba con mi gran amigo del mundo, Germán ❤, y me contaba de su experiencia lo mismo que me sucede a mí: nos resulta más fácil permanecer en movimiento que volver para quedarnos. Cuando te mueves todo es nuevo y eso es, sin duda, bastante desafiante y exige una entrega absoluta; es un precio alto el que pagamos por la vida nómada, pero compensa con la misma idea de que podemos seguir en movimiento cuando las cosas no nos gusten o ya nos hayan aburrido. O cuando sintamos esa llamada imperiosa de la curiosidad que nos despierta lo desconocido.

Los que nos movemos vivimos con la idea de que podemos ir a buscar la vida que queremos porque lejos y difícil ya no nos asusta tanto. Vivimos con la idea de que podemos hacer que nuestras vidas se parezcan bastante a lo que deseamos porque siempre estamos dispuestos a hacer que las cosas sucedan. Tenemos una gran voluntad de cambio y una gran resistencia al peso y el cansancio del movimiento. Somos entusiastas de lo nuevo, entusiastas de la acción.

Volver de un gran viaje o la vida en otro país

Un gran viaje es toda aventura geográfica que implique la desconexión y desidentificación con el hogar. Hay grandes viajes de un mes y grandes viajes de años. Un gran viaje puede estar interrumpido pero suspendido en el impulso de volver al movimiento.

Otras realidades en Tailandia

Yo misma llevo seis años en movimiento. Y cada pausa ha sido un descanso preparatorio para la próxima aventura. Llevo seis años entrenando la vida nómada y podría haber afirmado, incluso con cierta agresividad, que ya nada se me queda grande.

Hasta que volví para quedarme (por ahora 😉 ). Eso sí se me quedó grande.

Cuando volví me acordé de por qué me voy siempre. De hecho, tardé pocas semanas en volver a irme. Y cuando me fuí -catástrofe- me acordé de por qué volví: necesitaba hacer el trabajo de estar aquí sin planes de irme porque en estas circunstancias no sucede la vida mientras tanto, sino que sucede la vida ahora.

Y esta manera de vivir me resultaba desafiante. ¿Vivir sin un billete de avión a algún destino recóndito? ¿Vivir sin hacer planificaciones de viajes? ¿Vivir sin invertir mi tiempo en investigaciones geográficas? ¿Vivir sin viajar mentalmente en el tiempo mientras tanto?

¿Eso qué es?

Tengo que confesar aquí que, para mí, cada viaje ha sido como una utopía: la promesa de la vida que estoy buscando. Pero es una promesa que nunca se cumple, que siempre se instala en el siguiente destino.

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”
– Eduardo Galeano –

Todos estos pasos en formas de viajes, estos intentos de alcanzar mi utopía, me han desvelado grandes verdades que sólo ahora puedo ver. La primera es que lo que buscamos no está ahí afuera. Y la segunda es que la realidad es liberadora.

[Un POST que te puede interesar: Lo que buscas no está ahi afuera: más de lo que aprendí viajando]

No hay nada más liberador que la realidad

Sin embargo, amigos, en el proceso de descubrir estas verdades sufrí mucho, castigada por ideas de este tipo:

  1. Aquí no sucede la vida
  2. Aquí no pasa nada nuevo
  3. Aquí no sé cómo ser yo
  4. Aquí nadie me entiende
  5. Aquí solo hay limitaciones
  6. Aquí no soy libre
  7. Aquí la vida es precaria

Estas son mis ideas, que tienen sentido en el contexto de mi geografía psicológica; sin embargo, encuentro que muchos de mis amigos del mundo se encuentran con limitaciones similares cuando vuelven a casa después de sus viajes. Las ideas de falta de libertad, incomprensión y ausencia de vida se dan en muchos casos.

Por otro lado, resulta innegable el hecho de que la vida es muy diferentes cuando uno no se mueve (¿diferente cómo? Deja tus ideas en los comentarios), por eso cabe aprender a vivir ahora, sean cuales sean las condiciones en las que uno se encuentre.

Consejos para no morir después de un gran viaje

Entonces, si he de dar consejos en este nuevo proyecto de vida después de la muerte, a los que vuelven de un gran viaje o la vida en otros países les diré:

  1. Hay que darse tiempo, pero no tanto tiempo. Este fue mi gran error, esperar demasiado. Esperar a que pasara algo, a que todo no me chocara tanto, a tener las cosas más claras, a estar lista para salir al mundo. Quise darme tiempo para encontrarme en la diferencia no solo de una geografía diferente, sino de una vida diferente, pero la energía que traía se disipó en el espacio separándose de mi cuerpo y dejándome inerte.
  2. Acción. Mantenerse en movimiento es crucial para sentir la vida. Cuando una vuelve de un gran viaje tiene que implicarse en la nueva vida a través de la acción. Es como el comienzo de una nueva relación que nace del contacto. Hay que ponerse en contacto con la realidad a través del movimiento. Actividades de cualquier tipo, trabajo, eventos sociales, proyectos solidarios… lo que sea. Hay que tener algo que hacer en el nuevo entorno y comprometerse con eso.
  3. Deporte y naturaleza. Hacer deporte tiene efectos positivos en el bienestar que no me invento yo, pero sí los he comprobado. Hacer deporte en la naturaleza suma el doble. Y, si no, la mera contemplación de las florecillas y los arbolitos a diario salva vidas.
  4. Meditación. Eh, llevo semanas meditando religiosamente con una app maravillosa, HeadSpace, que me recomendó un lector amigo (R, ❤). Yo he leído mucho sobre meditación estos años, pero sencillamente creí que estaba a años luz de comprometerme y de percibir algún efecto beneficioso a corto plazo. Nada más lejos de la realidad: desde que medito recuerdo más a menudo que estoy viva ahora, observo el mundo con más curiosidad, me anclo a mí misma a través de la respiración, veo más cosas bonitas a mi alrededor (lo que me hace más agradecida) y me entrego a la realidad tal como es (lo que la hace más amable). Bueno, todo eso a veces. Otras veces protesto y me enfado y lloro y me dejo arrastrar por mi eterno síndrome premenstrual, pero vaya…
  5. Proyectos y una dirección. Hace poco hice las paces con el mundo cuando me dije que estoy yendo, aunque no llegue ya. Saber esto me quita mucha presión cuando observo que la realidad no me gusta, es parte del proceso de ir y no puedo llegar sin pasar por esta parte. Entonces, uno puede disfrutar del camino mientras va, con la certeza de que va. Como un laaaargo viaje en tren. Así pues, mi dirección sería la realización personal a través de mí misma y el proyecto que me sacó del autoabandono y da sentido a las horas de trabajo mal pagadas, un máster de Desarrollo Personal y Liderazgo que empiezo en unos meses. Además del 100 Day Project que empecé recientemente (síguelo en Instagram) y mi práctica de yoga doméstico que ya, más que una nueva modalidad ;p , es todo un hecho.
Mis inicios en Yoga Doméstico en Kuala Lumpur, hace unos meses

“En el transcurso del tiempo se ha tenido siempre la mística sensanción de que cualquier tarea de individuación llevada a cabo por los seres humanos modifica también la oscuridad del inconsciente colectivo, el lugar en el que habita el depredador*. Jung dijo en cierta ocasión que Dios adquirió una mayor conciencia cuando los seres humanos incrementaron su nivel de conciencia y señaló que los seres humanos hacen que el lado oscuro de Dios se ilumine cuando sacan sus demonios personales a la luz del día.”

*el depredador es esa parte torturadora de la psique, la mente, que nos hace la vida imposible. Es todas las sombras que tenemos dentro, esos lugares nuestros que no queremos explorar, pero que nos dominan.

Mujeres que Corren con los Lobos
– Clarissa Pinkola Estés – 

Me gusta pensar que este proyecto de autodescubrimiento y autorealización es también un pequeño acto para salvar el mundo porque, sin duda, el mundo de las personas de mi entorno cambia ligeramente cuando yo me ilumino. La iluminación inspira y la alegría se contagia.

Las cosas son como tienen que ser

No me iba a poner espiritual, pero lo voy a hacer. No puedo evitar pensar que lo que vivimos es justo lo que debemos experimentar para convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos. No por una conspiración cósmica, sino porque lo que nos duelen son aquellos asuntos que necesitan ser observados y que una vez vistos y comprendidos, nos salvan. Se me antoja, pues, ver la vida como un proceso de aprendizaje que nos eleva un poquito más después de cada pequeña catástrofe.

Durante meses me dije: mi vida no tendría que ser así, me corresponde otra realidad. Y fue muy duro y muy triste vivir con esa idea, la de no estar a cargo de lo que sucedía en mi vida y verme privada de lo que podría ser. Sin embargo, lo cierto es que ese horrible proceso fue necesario para llegar a este momento (y los que vienen… ¡cuánto potencial) en el que empiezo a ver lo poco sólida que eran mis bases y lo alejada que estaba (y estoy generalmente) de la realidad, viviendo en un mundo de ideas que nunca existió (como el futuro, sí ;).

Yo no sé qué puede pasar, ni siquiera sé si todo puede torcerse o florecer grandiosamente, pero me he comprometido a hacer un trabajo que era muy necesario, el de explorarme en este no-viajar (que es otro gran viaje) y construirme una base sólida en mí misma.

primero tienes que querer pasar el resto de tu vida contigo

Entonces, amigos, voy a continuar esta costumbre de concluir con optimismo y diré que hay que confiar en el proceso (#cosasquemerepitemipsicóloga).

Volver de un gran viaje es todo un reto, pero es también un proceso de aprendizaje que saca a la luz todo lo que necesita revisión sobre quién somos. Y, sobre todo, volver de un gran viaje es una oportunidad para ver lo de siempre con nuevos ojos.

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Plural: 6 Comentarios Añadir valoración

  1. Isabel dice:

    ¡Hola Gaby! Algunas frases de este post me han recordado a un libro que he leído hace poco.. No sé si te podría inspirar, pero a mí la verdad es que me ha servido de mucho; se llama “The subtle art of not giving a fuck”, de Mark Manson. No me extrañaría nada que ya hubieras oído hablar de él. En este libro hay un capítulo en el que el autor habla de algunas cosas que aprendió viajando varios años por el mundo, y una de ellas es que al final, la libertad absoluta que te da el viajar y no pertenecer a ningún sitio, acaba por no significar nada. Se convierte en algo superficial, y en un camino constante hacia el siguiente momento emocionante, o la siguiente diversión. También habla de cómo nos llena más (o al menos a él) el hecho de elegir, de rechazar opciones, de comprometernos con un lugar, o una persona, o un proyecto.

    ¿Crees que has estado en movimiento estos últimos seis años porque buscabas esas emociones? Yo estoy reflexionando sobre este tema últimamente.. He empezado a sentir envidia por las personas que me dicen que llevan viviendo en la misma casa como siete años.. ¡Me parece todo un logro!

    ¡Un abrazo, lo del máster suena bien!

    1. gaby carreira dice:

      Hola Isa!!

      Cómo me gustan tus comentarios llenos de recomendaciones e ideas con tanto potencial. Es curioso que hace poquito alguien me dejó al tal Mark Manson en otro comentario, diciéndome que debería leerlo porque, igual que a ti, mis palabras le recordaban un poco a él. Echando un ojo por encima a la página de este tipo me encontré con ese libro y me gustó mucho el título, pero aún no me hice con él. Lo guardo para la lista de imprescindibles. ¡Gracias por mencionármelo!

      Y sí, como comentas, la libertad absoluta puede acabar significando nada. Estoy descubriendo últimamente que todo parece tener sentido dentro de unos márgenes, que siempre se pueden ir expandiendo, pero márgenes a modo de contenedor que concreta el contenido. Por otro lado, la vida no es solo una cuestión de cuán libres somos en términos de poder hacer y estar donde nos dé la gana, es más bien una cuestión de elegir, de comprometerse, de saber a dónde se va y que todo tiene un precio (como mencionas ahí también más o menos).

      Yo sí creo que he estado buscando emociones intensas (y otras cosas que me estoy confesando recientemente). Tengo/tenía esta idea de que si la vida no es bien fuerte, no es vida. Amo la novedad y el movimiento, pero ya no a lo salvaje, creo. No sé, todo va por fases, la vida es cíclica… Después de tanto explorar el mundo exterior siento que ahora es momento de explorar sobre todo mi mundo interior. Algo similar te debe de estar sucediendo a ti, tanta impermanencia te hace extrañar lo permanente. Creo que es lo más natural que nos puede suceder. No existe la luz sin la oscuridad. No existe lo permanente sin lo impermanente. Y así todo 🙂

      Me encanta filosofar contigo. Ojalá coincidamos en el mismo rincón del mundo pronto.

      Un abrazo fuerte!!

  2. Marta dice:

    Me alegra ver este tipo post en los que las personas que han vivido esto lo expongan y uno se siente identificado por avanzar un paso más en la manera de ver el mundo, tocando esa vena espiritual y esa sensación extraña en la que uno se siente incomprendido cuando vuelve a su zona de confort con el resto de la gente. Comparto!

    1. gaby carreira dice:

      Gracias! 🙂

      No selo hay que hacer el marketing bonito de viajar, hay que sacar a la luz también lo que duele porque la luz cura.

      Un abrazo!

  3. Josep Rubio dice:

    Hola Gaby,

    Muy buena la app de meditación. El concepto de dejar espacio libre en la mente me ha gustado mucho y funciona. Esos 10 minutos de meditación guiada al día son una joya.
    Te dejo mi libro-recomendación, que devoré en pocos días: “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl, psiquiatra fundador de la logoterapia y superviviente de Auschwitz. Trata sobre como el sentido de la vida nos ayuda incluso en los momentos más duros de nuestras vidas.

    Un saludo.

    1. gaby carreira dice:

      Hola!! 🙂

      Sí, la app es magnífica y ayuda mucho en el proceso transformador de la meditación.

      Y gracias por la recomencación! Lo cierto es que leí el libro mientras viajaba por Bali hace unos meses y me ayudó a entender que El Sentido de la vida es algo que puede cambiar constantemente o puede transformarse o puede ser algo muy básico o muy personal, lejos de todo este márketing, llamémoslo “dhármico”, que te hace sentir un gran interrogante cuando no sabes cuál es tu misión en este mundo.
      Muy bueno para momentos de crisis existencial 🙂

      Un abrazo, majísimo!

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