Tres semanas viajando por Filipinas: no sé quién soy

Son casi las seis de la tarde en Filipinas y se está haciendo de noche. Me cuelgo de una hamaca que se agarra entre dos árboles de un jardín que me hace de terraza estos días. Si miro hacia arriba apenas veo trocitos de cielo entre las hojas de las ramas que hay sobre mí. Si presto atención escucho todo tipo de sonidos salvajes (grillos, el movimiento de las hojas, lagartos, pájaros) y una telenovela filipina que se escapa de alguna tele minúsula en una habitación tan hortera como la mía. 

La vida aquí es diferente. La gente quiere tener la piel blanca. Nadie parece enganchado al wifi. No he percibido prisas todavía y nada parece demasiado serio o importante. Tampoco hay grandes tiendas o supermercados, incluso en los centros comerciales. Los cascos de moto no son obligatorios y no he visto señales de velocidad en las carreteras. En general, no parece haber muchas normas. Los pueblos son desordenados y ruidosos. Todo huele a brasas, porque viven cocinando carne en parillas a los lados de las carreteras. Todo lo que se come lleva azúcar, mucha. Las duchas, si existen, no tienen presión; lo que reina aquí es el cubo de agua que tiene muchas funciones. Y en las tiendas, los hoteles, en todos lados, hay demasiadas personas trabajando sin trabajar, porque o no hay mucho que hacer o son demasiados o les da todo igual (que es mi apuesta).

Así podría seguir un buen rato. Pero me ha asaltado una pregunta: ¿quién soy yo ante todo esto?

Soy una observadora. Soy un alien que se integra en momentos, en lugares. Pero, ¿quién soy yo? ¿Soy alguien siendo diferente? ¿Soy alguien si apenas adivino la vida en estas latitudes? ¿Soy alguien si solo he venido de paso a observar?

No sé quién soy ni si tengo aquí otro papel más que el de observar, el de absorber una realidad diferente. No sé quién soy, pero sé que no soy de aquí porque todo esto me sorprende. Y sé que no soy de aquí porque me voy.

Entonces, no sé. Solo me queda pensar que soy un proceso ahora mismo. Estoy siendo lo que voy a ser cuando entienda lo vivido. Estoy recopilando, supongo, que es esa parte previa a procesar la información antes de entenderla. 

Pero además de eso, no sé quién soy, no sé quién es Gaby, no sé quién es la dueña de este blog, no sé quién está en esta hamaca. No sé quién está alimentando a los mosquitos en esta tarde que ya se hizo noche. 

Y sospecho que debe de ser eso lo que me mueve, lo que me trajo a este lugar: la gran pregunta, la búsqueda de respuestas. Sospecho también que volverán los momentos de lucidez, que me encontraré en mí misma de nuevo -tal vez cuando acabe de procesar todo esto o los sentidos me devuelvan a este momento. 

Hasta entonces, sigo en movimiento casi por inercia, creo. Me muevo entre aeropuertos como pez en el agua, sin apenas pensar. Rescato momentos para hacerme preguntas, así no se me olvida que estoy viva. 

Observo, observo, observo. 

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