Dos preguntas que deberías hacerte

En la newsletter de la semana pasada empecé a contarte que al volver de Ibiza y pasar unos días en Barcelona me di cuenta de que la gente, en general, vive estresada, con prisas, con muchas obligaciones y responsabilidades. Esto me abrumó. Me abrumó salir a la calle y encontrarme con los ruidos molestos del tráfico, me abrumó cruzarme con gente apresurada, seria, comiendo deprisa en la calle, me abrumó también percibir enfado y resignación en muchas de las personas con las que he conversado en estas últimas semanas.

Me di cuenta de que la gente piensa más en el Tengo Que que en lo que verdaderamente sienten y quieren hacer. ¿Cómo de absurdo es eso? Yo ya sé que ser adulto conlleva ciertas responsabilidades, pero como he planteado muchas veces, siempre tenemos la oportunidad de elegir. Realmente, Tenemos Que hacer pocas cosas, y aún así, siempre podemos elegir si hacerlas o cómo hacerlas.


Claro, hay quien me dice que vivo muy bien y que es normal que me sienta tan tranquila así. A ver, vivo bien porque he elegido la vida que tengo; nadie le impide a mi hermana, por ejemplo, hacer lo mismo o buscar un estilo de vida que la haga más feliz que el que tiene. O a mi vecino. O a cualquiera de mi entorno social. Además, no se trata del estilo de vida que tengo, se trata de que he encontrado pistas que me orientan hacia este bienestar que ahora te intento transmitir: aprendí a vivir de otra manera. Ojo, encuentra el que busca.

Me di cuenta, también durante mi verano en Ibiza, de que para encontrar hay que hacerse las preguntas adecuadas. Es difícil empezar a indagar cuando no sabemos ni cuál es nuestro estado actual; creo que la mayoría somos náufragos en nosotros mismos, pero de la misma manera sé que la balsa que nos salva está también aquí adentro. Así que, para empezar, te voy a hacer un par de preguntas y te voy a pedir que te tomes unos minutos para intentar plasmar tus respuestas en un papel, incluso puedes enviarme tu respuesta si te apetece. Podemos charlar sobre el tema.

Coge papel y boli, apunta las preguntas y deja unas cuantas líneas para responder a continuación.

Pregunta #1

¿Qué es verdaderamente importante en la vida para ti?

A menudo nos distraemos con el trabajo, con obtener títulos, terminar carreras, aprender idiomas, viajar cada vez más lejos, encontrar la pareja ideal o acumular cosas porque es lo que hace la mayoría, porque creemos que eso es lo que se espera de nosotros, porque pensamos que otras opciones se nos quedan grandes o porque no nos planteamos que haya algo más.

Yo puedo asegurar ahora mismo que el trabajo es lo más irrelevante para mí, me basta con trabajar unos meses para poder seguir haciendo las cosas que de verdad son importantes para mí. Como este proyecto llamado El Futuro Nunca Existió que, aunque no lo sepas, me cuesta dinero todos los meses: es mi inversión.

Tampoco tengo ningún interés en seguir obteniendo títulos para poner en mi currículum; sin embargo, me resulta verdaderamente importante invertir mi capacidad intelectual en descubrirme y en aprender sobre cosas de la vida, que me llenen a mí, no las líneas de LinkedIn.

Entonces, si tuviera que darte una respuesta como ejemplo, diría que lo verdaderamente importante para mí es conocerme, seguir evolucionando, descubrir(me en) el mundo y contagiar mi bienestar a la gente que me rodea. Me parece más importante sentir, descubrir la experiencia pura de la vida y tener tiempo: para mi gente, para leer, para escribir.

Pregunta #2

¿Qué quieres realmente hacer con tu vida? 

También me da la sensación que, en cuanto al destino de nuestras vidas, seguimos una especie de mandato oculto pero omnipresente. La sociedad nos indica constantemente cuál es el siguiente paso que tenemos que dar. Estudiar, buscar un buen trabajo, encontrar pareja, procurar ascender o hacer más dinero, comprar coche, casa, muchas cosas, tener hijos, educarlos y vuelta a empezar. ¿Es eso lo que quieres? Es legítimo, obvio. Yo sólo te doy la oportunidad de responder honestamente porque me parece que nadie nos pregunta cuando estamos empezando a tomar decisiones acerca de nuestras vidas.

Sé que son preguntas complejas, pero estoy segura de que al menos se te ocurre en unos segundos qué no es nada importante o qué no quieres en absoluto. Tenemos derecho a elegir y diseñar nuestras vidas, a ser honestos con nosotros mismos para hacernos con el valor que requiere romper esas normas que se establecieron sin que nos diéramos cuenta.

Y sí, sí que hay más opciones. Porque a veces cuando pregunto estas cosas o reto a la gente a dejar de hacer aquello con lo que se sienten comprometidos aún sin querer y ejercen religiosamente como si fuera una obligación impuesta e incuestionable, me responden ¿y qué hago si no es esto?  ¡Pues miles de cosas! Lo que yo no puedo, les digo, es darte tus propias respuestas. Porque las respuestas son únicas y pertenecen a cada individuo; mis respuestas no sirven para nadie más que para mí. Así que busca, majo, busca.

Te planteo esto porque creo que empezar a buscar estas respuestas nos acerca más a esa satisfacción permanente que yo llamo felicidad. A veces se manifiesta en el éxtasis de saberme en el camino que he elegido y otras veces son sensaciones muy incómodas, el  precio que pago por mis decisiones y elecciones. Pero es satisfacción; la satisfacción que da haber elegido conscientemente.

Navega, investiga, sumérgete en tu ser y encuentra tus respuestas, majo: ¡hazte dueño de tu vida!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CommentLuv badge