La verdad sobre ser valiente: el miedo del que no se habla

Hoy me instalo a escribir en una cafetería de una geografía que estoy empezando a descubrir. Me siento cansada, tengo unas ojeras muy feas que me dan un aspecto bastante demacrado y lo peor es que me siento como si me hubiera pasado por encima un autobús lleno de niños.

Parece que he venido a esta isla (¡sí, estoy en una isla!) a librar alguna batalla que me ha dejado exhausta y, aunque esta guerra no es más que un concepto metafórico para ilustrar mis palabras, lo cierto es que sí he venido a ser valiente y el miedo ha sido el que ha causado el efecto autobús-lleno-de-niños-sobre-dulce-muchacha.

Como decía, he venido a una islita del Mar Mediterráneo a cargarme una parte de las decisiones que tomé en Tailandia y a buscar un lugar frente a la playa en el que instalarme mientras trabajo unos meses y me reubico en mí misma. Esta decisión me sacó de mi zona de confort, me rompió unos esquema que ya había montado, me expuso a situaciones incómodas y me hizo pasar miedo, a pesar de que ya he hecho esto antes. En otras palabras: me creé un terremoto yo misma. ¿Y por qué me someto a esta mierda esto una y otra vez? Porque me hace sentir viva y porque detrás de estas sensaciones desagradabes está la vida que de verdad quiero.

Mientras sufría en la isla, he tenido tiempo de reflexionar sobre qué significa ser valiente y qué hay detrás de todo acto de valentía. Te cuento.

La verdad sobre ser valiente

Cuando vemos las aventuras que otros emprenden y no tenemos acceso a lo que paralelamente sucede en las cabezas y cuerpos de estos personajes aventureros, nos da la impresión de que nos hemos perdido algo, que a nosotros nos falta algo esencial —valor— para hacer eso que de verdad nos despierta las ganas de vivir. O es que esos otros héroes están hechos de una pasta diferente.

Creo que sí es cierto que cada uno mide el riesgo de una manera y todos tenemos diferentes enfoques ante la vida: afortunadamente, algunos son optimistas por defecto —no es mi caso.

Desgraciadamente, mi mente tiende a visualizar desenlaces apocalípticos.

Sin embargo, también me consta que la valentía no es ausencia de miedo y que lanzarse a la vida que uno quiere —o intentarlo, al menos—es una cuestión de varias cosas:

  1. Cómo de incómodo se está en la situación actual
  2. Cómo de dispuesto se está a asumir las consecuencias del acto de valentía
  3. Cómo de preparado se está para la nueva situación

Vayamos por partes:

1. Mucha gente se siente frustrada en su situación actual: trabajos de mierda a veces; relaciones insatisfactorias, otras; una vida social mediocre, quizás; un potencial no explotado (creativo, por ejemplo), o una idea que no sale del papel (escribir un primer libro, lanzar un negocio online, salir de viaje sola, u otros). Pero esta frustración es soportable porque la vida en este momento no es demasiado incómoda. Si bien no es el lugar ideal en el que estar, también podría ser peor y no es. Así que, como decía mi profe del instituto cuando nos contaba los cambios evolutivos de la historia de España: “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

2. En otras ocasiones sucede que la aventura que queremos emprender conlleva unas consecuencias que no queremos o no podemos asumir. Primero, toda elección implica una(s) renuncia(s): la comodidad de la situación actual, por empezar a mencionar lo más básico. Segundo, todo acto de valentía conlleva unos riesgos que solo se pueden controlar en la medida que de nosotros dependa, siempre hay un factor que queda en manos de la suerte/el azar/los astros/lo que sea. Por ejemplo, cuando me fui a Australia asumía el riesgo de tener que volver a casa de mis padres y declararme en banca rota; odiaba la sola idea, pero era un riesgo real y estuve dispuesta a asumirlo.

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3. Tercero, parafraseando a mi amigo Fran de Hombres Evolucionates, catalizador en algunos actos de valentía de mi vida: si esperamos a estar preparados como nos gustaría, moriremos en el intento, pero lo cierto es que la situación a veces requiere un mínimo de preparación y ser paciente es una virtud. Aquí existe el riesgo de autoconvencerse eternamente de que aún no es el momento, aunque en ese caso, en el fondo, sabremos que nos estamos autoengañando para posponer un acto de valentía que a veces asusta más que entusiasma.

Entonces, amigos, ser valiente es un proceso que requiere un poco de preparación en muchos casos, aunque a veces sea a un nivel más inconsciente. Ser valiente, insisto, es asumir riesgos, es atreverse a fracasar, es ponerse en una situación incómoda voluntariamente, es intentar mantenerse entero cuando nos tiembla cada célula del cuerpo.

Qué forma tiene el miedo: lo que no se cuenta ni se ve

¿Quién se siente cómodo reconociendo que se muere de miedo? Que me lo haga saber, por favor.

Exponerme vulnerable es una de las sensaciones más desagradables que conozco.  Odio admitir que nunca estoy del todo segura, que imagino mil escenarios en que todo sale mal, que aunque intento convencerme a veces no me creo que soy capaz de grandes cosas. Odio tener que decir que “no pasa nada” cuando, para mí, sí que pasa. Odio cuando las cosas no dependen de mí, cuando no puedo controlarlo todo. Odio no saber, odio la incertidumbre porque en ese espacio caben mil situaciones en las que yo estoy donde no sé si quiero estar.

Miedo es no saber. Asustan todos los posibles desenlaces en una situación descontrolada (o sea, fuera de lo habitual, donde todo es predecible).

La otra cara de la moneda 🙂

Entonces, el miedo se manifiesta en nerviosismo. En largos silencios. En malas contestaciones. En noches largas sin dormir. En noches incómodas de sueños molestos. En tensión física. En dolores de cabeza. En ganas de llorar. En ansiedad. En ideas trágicas y catastróficas. También se puede manifestar en acné, en falta de apetito, en comer demasiado, en no ser capaz de pensar con claridad, en querer enterrarse en vida.

¿Cuántas veces ves las ojeras de esos héroes valientes que se lanzan a cumplir sus propósitos? ¿Cuántas veces te cuentan que no son capaces de comer porque sienten miedo? ¿Cuándo mencionan que se rinden a las lágrimas porque el proceso a veces es difícil?

Cómo ser valiente a pesar del miedo

Hay una cita por ahí que dice algo así como “ser valiente no es no tener miedo, es hacerlo de todos modos”. Estoy de acuerdo con esto, emprender un proyecto que nos motive y nos saque de la famosa zona de confort requiere hacer el esfuerzo de lanzarse a lo desconocido y esto, amigos, es sólo otra manera de mencionar el miedo. De todas formas, creo que tenemos que medir el miedo al que nos exponemos y acotarlo para no liarla parda colapsar en el intento.

Por eso, yo siempre propongo controlar lo controlable: una mínima seguridad económica, un plan B, recursos de emergencia, una idea que nos salve, lo que sea que nos garantice un desenlace aceptable si las cosas no salen bien.

Y, por otro lado, creo firmemente que hay que trabajar un par de ideas importantes para lanzarse a la vida que uno quiere a pesar del miedo.

  1. La primera es la idea de Incertidumbre. Nunca sabremos con certeza qué va a suceder y justo en esta idea reside la magia de vivir. Lo incierto tiene un potencial inimaginable. Justo donde acaba nuestro control se extiende un universo de posibilidades infinitas y hay que aprender a entregarse a él. No sé si lo digo suficientemente claro: ¡pueden pasar tantas cosas maravillosas que ni siquiera caben en tu imaginación! Pueden pasar y pasan siempre que te lanzas a lo desconocido. Lo sé por experiencia 🙂
  2. La segunda es la idea de Confiar y va inevitablemente ligada a la idea de arriba. Cuando no puedes controlar qué va a suceder, lo más sano es rendirse y confiar en que todo saldrá como tiene que salir, aunque no sea como esperamos. Porque, piénsalo, aunque todo salga mal, esa situación te va a llevar a otra que tiene el mismo potencial impredecible que todo escenario desconocido. Tanto si el devenir de los pasos que estás emprendiendo te acercan a lo que tú habías diseñado como si no, eso será la vida mientras tanto, pasarán cosas por el camino, aprenderás, conocerás a otras personas, habrás existido en situaciones nuevas: te convertirás en un nuevo yo con nuevas experiencias. ¿Qué es la vida si no esto? Entiende que, pase lo que pase, la vida es mientras tanto.

Por qué elegir ser valiente

No vengo a decirte que debes poner tu comodidad en riesgo ni renunciar a la seguridad por la que tanto has trabajo. No existe una manera de vivir más correcta que otra, no hay que subirse a la cresta de la ola dos veces al año ni salir a cazar nuevas aventuras cada dos por tres.

De hecho, a veces ser valiente es mirarse hacia dentro y reconocerse feliz tal cual se está, abandonar las carreras interminables y aprender a existir ahora.

Cada uno elige y diseña su modo de vida según lo que le resulte verdaderamente importante. No hay una opción más correcta que otra.

Ser valiente va de superar frustraciones, de tomar decisiones, de comprometerse con uno mismo, de aceptar y aceptarse, de no quedarse con las ganas, de hacerse dueño de la vida de uno —de la manera que sea— de no vivir pensando qué podría haber pasado si… Ser valiente va de atreverse a ser quien de verdad* queremos ser a la velocidad e intensidad que nosotros mismos elijamos.

Y aunque es difícil e incómodo y hasta doloroso, ser valiente nos acerca a la verdad* de ser nosotros mismos.

*de verdad, la verdad. Nuestra verdad, que es única, personal e intransferible. Esta verdad queda muy lejos de los proyectos de otros, de las ideas de otros, de los otros yos. Hay que encontrar la verdad de uno y este es, probablemente, el trabajo más difícil de la vida

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. daniel dice:

    Gaby, muy bueno el escrito. Te re recomiendo leer el libro de Brene Brown: Los dones de la imperfección, me parece que te va a gustar mucho, un abrazo!

    1. gaby carreira dice:

      Últimamente me aprece Brene Brown por todos lados 🙂 Gracias por la recomendación, me la apunto. Y gracias por pasarte a leer. Un abrazo, Daniel!

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