Crónica del desencuentro: no soy quien yo creía otra vez

¿Cuántas veces se pierde una en otros hasta que aprende a buscarse en sí misma? ¿Cuántas veces se busca una donde no está? ¿Cuántas veces se cometen exactamente los mismos errores?

Hace unos días leía una cita que dice así: “until you change your thinking patterns, you will always recycle your experiences“. Para quien no lea en inglés, la frase dice que seguiremos teniendo las mismas experiencias mientras sigamos pensando de la misma manera. O actuando de la misma manera, añado yo.

Esto me pone a pensar. ¿Qué tengo que hacer, pues, para acabar de aprender lo que mis experiencias ya me mostraron?

Crónica del desencuentro

Cuando estaba en Tailandia, concluyendo mi viaje por Asia, tuve una revelación: empecé ese viaje intentando ser alguien que no era. Ni soy. Quise lanzarme a la aventura de fluir ligera por un continente desconicido como si el caos, el ruido y todo lo nuevo no me abrumaran horriblemente. Quise obligarme a no planear, cuando yo sé que necesito ciertos esquemas para funcionar en este mundo.

Y como no me salía muy bien, me torturé un poco. Porque las otras ideas me parecen más válidas para esta vida cambiante, impredecible y llena de oportunidades que nos ocupa.

Tampoco me torturé tanto, ahora que lo pienso…

Estos meses estuve cometiendo el mismo error en un contexto diferente: no prestar atención a lo que soy (¿loca dramática-eternamente-abrumada? Ah, ahora también neurótica). Otro desencuentro.

Me di cuenta, y me hicieron falta varias semanas (¡semanas!), de que la fase post-viaje que estaba viviendo era exactamente como el viaje: me estaba obligando a hacer las cosas de la manera que yo planeé porque se me antojaba buena idea, sin prestar atención a cómo soy en realidad (¿cómo soy en realidad?). Seguí forzándome a ser quien quiero ser en vez de invertir toda esa energía en descubrir y aceptar quien realmente soy.

O sea, en otras palabras: me gasté unos cuantos miles de euros en deambular por Asia para descubrir que no soy quien yo creía y volví, toda resuelta y superada, a seguir hundiendo mi cuenta bancaria en una inactividad que lejos de acercarme a la iluminación me hunde a la misma velocidad que desaparecen mis ahorros.

Mi reacción cuando me di cuenta de esto.

A ver, no quiero hacer hincapié en el tema económico gratuitamente (justamente ;)), es que, por lo que veo, este es un tema muy relevante para mí. Porque digan lo que digan los más optimistas gestores del dinero y de la vida, a mí, vaciar mi cuenta del banco me quita libertad y me condena a unas elecciones muy limitadas. Ay, es la vida… —me diréis. Y yo digo que ay, mi vida la diseño y gestiono yo a mí manera. Por eso, para mí, despreocuparme hasta que la cuenta empiece a temblar no existe. Mantener mi cuenta con buena salud es mi única opción porque así, cuando todo se calme y yo pueda volver a pensar, tendré libertad para elegir dónde y, sobre todo, cuándo, quiero seguir dando pasos.

Insistiendo en el tema de la inactividad, me pregunto, ¿cómo pude olvidar mi tendencia a pensar en exceso, a la depresión, a la pérdida de sentido? Entiendo, tal vez, que quise explorar mis habilidades descubiertas el verano pasado en Ibiza: calma, paciencia, confianza, pero esta vez en un contexto destinado a hacerme fracasar.

Y así, en la vida, con todo. Flavita Banana.

Yo quise poner en práctica la quietud, la vida aquí y ahora, sin proyecciones. Y lo cierto es que por momentos me salió, pude y puedo entregarme a la belleza de simples momentos sin pretensiones. Pero en la imagen general de mi vida este pensamiento se repetía sin parar: “a mis 27 años mi único proyecto de vida (por ahora) es pasear por el campito todos los días, ¿cuál es el sentido de la vida así?”

Y no sé, no tiene para mí, sospecho. No tiene, porque otra cosa que corroboré inevitablemente es que tiendo a la desesperación cuando no tengo márgenes que me sostengan y certezas a las que aferrarme. O sea, necesito planes, objetivos, proyectos… una meta hacia la que dirigirme.

No soy esa hippy desentendida de la vida que viaja improvisando y gestionando una cuenta bancaria de pocas cifras. Por mucho que quiera confiar en el maldito Universo (le guardamos respeto con las mayúsculas) o mi suerte, lo cierto es que confío más en mis decisiones y mis acciones todavía. La vida me ha mostrado que cuando hago cosas pasan cosas y cuando no hago nada, no pasa nada. O sea, yo construyo mi vida y mi realidad en gran medida; yo soy dueña, yo tengo el poder. No el Universo ni mis padres ni mi psicóloga: yo.

Y tú en tu vida, claro.

Solución a los problemas

¿Qué sentido tiene buscar soluciones de otros a los problemas de uno mismo? Es como ponerse la ropa de tu madre y protestar porque te sobra por aquí o te falta por allá. Se gasta una energía absurda en gestionar una frustración que sólo se puede calificar de obvia. ¡Obvio que esa ropa no te va porque no es de tu talla!

¡Obvio que esas soluciones no te funcionan porque no están ideadas teniéndote en cuenta a ti! #cosasquemedigoamimisma

Por tanto, solo hay que prestar atención a las locuras de una para darse lo que una necesita. ¿Qué sentido tiene reformarse integralmente? ¿Cuál es el propósito de forzarse a ser lo que no se es? El otro día, mientras leía sobre meditación, me encontré con un párrafo que decía algo así como que la meditación no va de transformarse y convertirse en una persona mejor, va de descubrirse, aceptarse y darse cuenta de que ya somos suficiente así.

Esto no es lo que yo leí, pero sirve para apoyar mi idea. Traduzco/interpreto algunas ideas: “La meditación no es más que una herramienta para hacerte consciente de tu yo real.” “Ninguna sociedad permite que que se descubra el yo real porque es peligroso (…), porque una vez que el hombre conoce su yo real, se convierte en un individuo único.” “Ya no se le podrá explotar, ya no se le podrá dirigir (…)”

Entonces, volviendo a mis trastornos como ejemplo: toda esa mierd* de fluir e improvisar y dejarse llevar por la vida es algo que yo puedo integrar en mi vida, pero no es la manera en que vivo mi vida. Yo puedo tomar decisiones espontáneas, puedo cambiar de rumbo en un momento, puedo desviarme del camino, puedo aprovechar oportunidades que se presenten fuera de mis esquemas, pero no puedo vivir sin dirección, sin un plan.

La importancia de la exploración

Otra de las cosas que me vuelve loca es el tema de perder el tiempo. Estos meses me martiricé, torturada por un reloj que me empujaba a encontrar respuestas correctas y soluciones adecuadas ya, ya, ya.

La psicóloga me decía que cualquier opción era valida, pero que eligiera y explorara una única opción, con todo lo que ello implicase. Yo me volvía loca, claro; no quería seguir perdiendo el tiempo -y el dinero- explorando una posibilidad, quería un camino acertado de una vez. Pero como no tenía nada claro, en medio de la frustración y la desesperación por fin decidí probar a no hacer nada un tiempo, a ver si en la quietud encontraba alguna respuesta.

La respuesta nunca llegó como yo esperaba, por supuesto. Me volví más loca y depresiva y desesperada, pero… en esos síntomas estaba la respuesta (guiño de espabilada).

Lo cierto es que si no me hubiera tomado el tiempo para explorar esta opción del No-Hacer no sabría con tanta certeza las cosas que ahora sé de mí. Y esto, como todas las experiencias catastróficas de nuestro paso por este mundo, es información útil para ir adaptando la vida a mi vida: o sea, para diseñar mejor una vida que me haga sentir más satisfecha y realizada.

Conclusiones optimistas

Referente a lo que te cuento, el otro día protestaba yo: ¡¿cómo puede ser que tengamos que hacer todo esto para saber quiénes somos?! Esto se parece mucho a no saber de qué color son las paredes de la habitación en la que vives. Y puede pasar… si uno no presta atención.

Entonces, amigos, no puedo más que concluir con optimismo -a pesar de que ya no soporto a la tipa de la mesa de al lado que grita mientras escribo. Se me ocurre que la vida es un camino de exploración que nos conduce a nosotros mismos.

Algo saldrá de todo lo que estás pasando. Y eso serás tú.

Plural: 6 Comentarios Añadir valoración

  1. Luciana dice:

    Genial! Como siempre tus palabras brillan, me encantó el texto y te rescato esto : La vida me ha mostrado que cuando hago cosas pasan cosas y cuando no hago nada, no pasa nada. Me gustó mucho, también rescataría muchas cosas más pero transcribir el post completo en el comentario no tendría sentido ¿no?

    Seguí escribiendo que ese es el camino de exploración que te conducirá a vos misma.

    1. gaby carreira dice:

      🙂 Gracias, amiga.

      Esto es como aquel texto que te pasé: no es el Universo, “it us, you fool”. Hay que hacer cosas, para que pasen cosas.

      Seguiré escribiendo porque es la única manera de sobrevivirme. Y seguiremos compartiendo porque… vivir es compartir.

      Un abrazo!

  2. Les dice:

    Gaby, me encantó el post desde donde quiera que estés. Ten en cuenta que te tienes a tí misma y sigues aprendiendo cada día de tí. Espero mejore pronto tu situación y que tus alas no dejen de volar porque por ellas estás donde estás, conociendo el mundo, a las personas, diferentes lugares y formas de vivir. Un abrazo. Espero anciosa el próximo post. No respondí al último pero lo haré más seguido.

    1. gaby carreira dice:

      Hola, Les!

      Gracias por tus palabras 🙂 Me agarro a ellas con fuerza.

      Nos leemos más a menudo por aquí, desde donde sea que estemos las dos.

      Un abrazo!

  3. David M. dice:

    Hey Gaby! Que gran Post… ¿Qué puedo decir? Este año que llevo viajando ha sido también de puro descubrimeinto y de mucha aceptación. La meditación es algo que me ha servido un montón y le recomiendo a todo el mundo…. eso y la escritura claro.

    Bueno y cuando me dan esas epocas depres hago 3 cosas aparte de las mencionadas:
    1) agradecer cada día por diferentes cosas que hayan pasado (o me haya dado cuenta)
    2) recordar que uno con sus debilidades también tiene fortalezas, que he salido adelante en epocas duras y que hay alguien ahí para uno… porque siempre hay alguien para escucharnos y brindarnos apoyo.
    3) salirme de mi capsula para relacionarme con otros y darme la oportunidad de conectar con las personas… dejar por un momento de pensar en mi mismo y ser receptivo de la historias y problemas de los demás.

    Me imagino que ya conoces a Mark Manson… ese loco tiene muy buenos textos. Su último libro es mindblowing 😉 especialmente para todos nosotros que pensamos demasiado y somos existencialistas.

    Un gran abrazo y toda la mejor energía!

    David

    1. gaby carreira dice:

      Hola David!

      Suenas bastante como mi psicóloga con tus recomendaciones, jaja 🙂 Lo de la gratitud creo que será lo próximo que integre en mi vida, intento tenerlo presente últimamente. Tomo nota de las otras dos recomendaciones porque sé que son vitales para sobrevivirse en las malas épocas.

      Muchas gracias! Y gracias por mencionarme a Mark Manson, no sé quién es, pero ya lo estoy buscando 😀

      Un abrazo!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CommentLuv badge