Cumplir 27: lo que importa no son los años

Hoy cumplí 27 años. ¡Veintisiente! Si lo digo muchas veces me asusta un poco, me acerco a los 30 y no es que haya nada de malo en la treintena, es que nadie nos prepara para ella. Es decir, siendo niños y adolescentes anhelamos la veintena como si fuera la puerta a la salvación de nuestras vidas ansiosas de libertad. Una vez superados los veintimuchos, ¿qué?

Pues eso digo yo, ¿qué?

En realidad pienso que el número en el que nos instalemos cada año es absolutamente irrelevante. Justo anoche veía en Instagram esta imagen en la que una señora mayor decía “yo no creo en la edad, creo en la energía”. O sea, la energía vital que uno tenga. El asunto es que me estreno en estos 27 preparándome para nuevas cosas, acercándome a una versión más madura de mí misma y con mucha energía para seguir haciéndome muchas preguntas.

el año de la conciencia

Algunos me dicen que soy muy madura para mi edad. Otros me dicen que soy muy valiente. Otros me dicen que soy muy sabia. Otros me dicen que estoy fatal de la cabeza. Otros, yo sé, piensan que este movimiento incesamente mío responde a una falta de madurez o a una huída de la vida adulta. A mí ya no me importa nada de eso, justo hoy veía esta otra foto en Instagram (sí, lo miro todo el tiempo, ¿vale?) que dice “lo que diga la gente de mí no es asunto mío”.

Lo que la gente diga de mí no es asunto mío.
Lo que la gente diga de mí no es asunto mío.

Lo que verdaderamente me importa, y es de lo que vengo a hablar, es lo que hago con cada año de mi vida. Hace unos meses inauguré la época más consciente de mi vida hasta la fecha y eso me hace sentir súper orgullosa. Consciente no quiere decir que haya revelado todas las incógnitas que me intrigan; consciente quiere decir que me veo, que me escucho, que percibo mi entorno.

What?! Estaba pensando estos días que realmente no sabemos muy bien quienes somos. Sí, has leído bien: nosotros mismos nos desconocemos. En algún momento de nuestras vidas nos dijimos y nos dijeron que somos de esta u otra manera y con eso nos quedamos, afirmaciones rígidas que delimitan nuestra identidad y que dejan poco margen para la creatividad del ser (el cambio en todas sus manifestaciones, vaya).

Uy, qué rara estás, chata. Venga, va, tal vez es cierto que se me ha ido un poco la olla, pero esto a mí me sirve y creo que te puede servir también. Lo que quiero decir es que si adquirimos el máximo nivel posible de conciencia sobre nosotros mismos, estaremos más cerca de arreglar nuestros problemas. Cuando prestamos atención para identificar qué sentimos, qué pensamos y qué nos decimos, podemos darnos cuenta de quién somos y analizar dos cosas:

  1. Cómo de coherente es esa realidad con la versión que creamos y vendimos sobre nosotros mismos
  2. Cuánto se acercan esas dos versiones (la real y la creada) a quien queremos realmente ser

El otro día pensaba que si pudiera identificar los límites de quien yo soy estaría mucho más cerca de desmontar mis limitaciones y dejar el espacio descontenido (sin continente, sin paredes que limiten) para seguir expandiéndome; dar cabida a nuevas ideas, nuevas formas de ser y entonces formarme desde la experiencia de lo vivido, sanando y eligiendo.

A lo que yo aspiro ahora es a dar a luz una versión auténtica y honesta de mi ser. Sin máscaras, sin invenciones. No perfecta, pero real real. Real conciente. Quiero ser alguien que yo conozca y acepte, quiero ser abarcable para mí misma, no una completa desconocida que se mueve empujada por el conflicto que surge entre el choque de lo de dentro y lo de fuera.

¿Se entiende un poco la idea?

Balance del último año

Los 26 los celebré en Sydney hace justo un año y aunque 365 días no son tantos, puedo decir que hoy soy una persona muy diferente a la que se hizo la foto en el Opera House. Sigo estando perdida, pero no estoy perdida de la misma manera. El año pasado tampoco sabía qué iba a hacer con mi vida, ahora entiendo que no saber es justo como quiero que sea. A los 26 moría de ansiedad y tenía serios problemas para dormir, ahora la ansiedad no me domina y si no duermo a veces es porque suceden cosas que me emocionan o preocupan, como a todos los mortales.

El año pasado procuraba no hacerme demasiadas preguntas porque me daban miedo las respuestas. Ahora, como digo, tengo cada vez más interrogantes y sé que eso es buena señal. Hace un año tampoco me habría atrevido a viajar sola y ahora estoy a dos semanas de empezar a transitar nómada por el Sudesde Asiático. A los 26 metía la cabeza bajo la sábana cuando las cosas se ponían feas, ahora tengo muchos más recursos para hacerle frente a la vida.

Y lo mejor, lo mejor de todo, es que ahora, por fin, aprendí que yo soy siempre el lugar seguro al que volver cuando las cosas van mal. Yo estoy siendo la metáfora del caracol, yo soy mi propia casa. Yo soy mi salvación.

Así que así concluyo este post improvisado mientras sonrío al haber escrito esta última frase. Estoy orgullosa de todo lo que he conseguido y me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Me gusta estar donde estoy, estar empezando este camino. Y agradezco a todos los que me acompañáis y me hacéis sentir menos loca a menudo. Gracias a todos, ¡majos todos!

celebramos-la-vida

Quedan inaugurados los 27 oficialmente.

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