2017 en una palabra: pertenencia

Hoy me di cuenta de algo.

Hay que hacerse preguntas muy precisas para dar con ciertas respuestas. Y aunque paso la mayor parte de mi tiempo libre planteándome cuestiones existenciales, parece que en ocasiones es necesario que alguien te lance directamente la pregunta que andas buscando. El caso es que asistí a una sesión de coaching grupal (ventajas de tener amigos coaches en islas tropicales de Tailandia ?) con el propósito de especificar objetivos para este año que comienza y la dinámica empezó con el siguiente planteamiento:

Imagina que 2017 ya ha acabado, cuéntame cómo ha sido tu año, qué has hecho, cómo te has sentido. 

Esta situación plantea un pequeño reto a los que no tenemos la vida ni mínimamente planificada. Mi plan era tan amplio como fluir, improvisar, ir viendo qué pasaba o esperar a ver si había suerte con el canadiense-australiano y me casaba e instalaba en Australia a criar tres mocosos de una vez. Poco específico, difícil de imaginar un resultado acertado y factible (lo del rubio estaba bastante en el aire). Así que hice el esfuerzo durante unos minutos y traté de imaginar un escenario para mi vida que satisficiera las cuestionen que me inquietan en este momento, o sea, una respuesta, una solución a lo que me grita desde dentro ahora.

Entonces me puse en situación, me trasladé a diciembre de 2017 y conté el año que no ha sucedido aún:

Este año ha sido tranquilo, pero muy satisfactorio. Por fin entendí algo importante: entendí que todo este tiempo de ires y venires he estado buscando algo que me conectase definitivamente a algún sitio, a alguna persona, de manera que pudiera por fin pertenecer a ese lugar o a ese alguien. Por eso dejé de irme, dejé de moverme en esta búsqueda y me instalé con el propósito de crear un hogar, mi hogar. El lugar al que siempre volver, el origen de todas mis extensiones, el trozo de tierra en el que depositar mis raíces. Algo que me ayude a decir “yo soy de aquí, esto soy yo”. Encontré una bonita casa en el centro de la ciudad y un trabajo sencillo que me dejara tiempo para hacer mis cosas: yoga (mi nuevo compromiso), escribir, leer, descansar mucho, invertir en un entorno social más estable, pasar tiempo con mi familia… Y así viví.

Una palabra para este año

Por eso he decidido que pertenencia va a ser mi palabra este año, mi principal objetivo. Me he movido mucho en los últimos cinco años y francamente nunca sé muy bien qué responder cuando me preguntan de dónde soy: nací en Argentina, pero llevo 17 años en España, aunque en diferentes ciudades; mi familia vive en Valencia y la mayoría de mis amigos están desparramados por el mundo. Bien, tengo raíces en muchos rincones y muchas personas y circunstancias me vinculan a diferentes lugares, pero eso me divide de una manera clara al no distinguir un lugar de partida. A mí. No digo que tenga que ser así para todo el mundo.

De hecho, mi plan original en este viaje era descubrirme yo como hogar, permanecer íntegra en mí misma a pesar de los cambios externos y poder plantarme (literalmente) en cualquier geografía gracias a esa integridad interior que me haría a mí mi única y verdadera casa. Sin embargo, lo que descubro es otra realidad. Descubro que los cambios del entorno me afectan demasiado, que me resulta difícil gestionar lo impredecible a este extremo y que me confunde no poder explicar de dónde soy. Por eso mudarme a vivir a diferentes ciudades me salía tan bien: porque me lanzaba a la novedad y el reto de inventarme en un lugar desconocido, pero con la certeza de que estaba invirtiendo para una temporada, de que tenía margen para crear vínculos reales, un hogar para un tiempo (de ahí mis inversiones en diferentes IKE* del mundo).

Ahora, en este movimiento, siempre sé que estoy de paso, siempre sé que la gente, en su mayoría, es de paso; las cuatro paredes a las que voy llamando casa cambian constantemente, las calles siempre son nuevas, nunca me da tiempo a conocer los rincones, casi no me da tiempo a agarrarme a estos puntos del mapa y sentir que los conquisté, que los exprimí, que fueron cómplices de mis pies y mis experiencias en ellos.

Una cuestión de intensidad

Como intensa que soy, necesito profundidad para conectar y eso me requiere una inversión de tiempo en actividades que no pueden suceder rápidamente: paseos, cafés, conversaciones con gentes, perderme, aprender calles y rincones o hacerme un mapa mental, entre otras cosas. Mientras voy descubriendo los detalles del entorno y a medida que profundizo sabiendo que en realidad no hay prisa es cuando va surgiendo la magia. Pero he tenido que entregarme a este movimiento incesante para descubrir que necesito ese tiempo y esa lentitud.

De todas formas, no puedo asegurar que esto sea algo definitivo. Esto es lo que siento en este momento, es el lugar al que me han traído las experiencias y reflexiones de los últimos dos meses descubriendo el mundo. Tal vez mi percepción cambie en el tiempo de viaje que aún tengo por delante, tal vez es que aún no he entendido que el único hogar está dentro de mí. Tal vez.

Lo único que sé es que por ahora, si visualizo mis siguientes pasos sin forzar la situación, lo que más me entusiasma es la idea de crear mi propio hogar en algún rincón agradable y formar parte de un núcleo social que me quede siempre a mano y no siempre en otra franja horaria.

No sé si esto aniquila un poco la magia de este rincón, la valentía que muchos me reconocen al lanzarme al mundo a encontrarme a mí misma; no sé si toda esta idea de querer quedarme quieta un poco mata el romanticismo que inevitablemente tiene la idea de deambular por el mundo y enamorarse brevemente de los rincones y otros personajes del mapa. Pero lo que yo quiero ahora, indiscutiblemente, es pertenecer.

Plural: 9 Comentarios Añadir valoración

  1. Laura dice:

    Gracias por este post, tan inspirador como siempre, que me hace sentir muy identificada. Leerte siempre me ayuda a alejarme un poco del ruido de fuera y pararme a pensar en cuáles son mis verdaderas prioridades vitales. Y coincido mucho con tu visión de la vida. Un abrazo de una sin patria en Cádiz.

    1. gaby carreira dice:

      Hola, Laura! Gracias a ti por confirmarme que tiene sentido lo que hago y que, como digo a menudo, no estoy tan loca. Me alegra ayudarte a pensar y alejarte del ruido.

      Un abrazo muy fuerte de otra sin patria. Cuídate!

  2. Isabel dice:

    ¡Hola Gaby! Igual que Laura en el anterior mensaje, yo también me siento muy identificada con la necesidad de pertenecer a algún sitio. Intuyo por algunas de tus palabras que el movimiento constante tal vez te canse o cueste un poco, no estoy segura, pero a mí sí me cansa. Las personas necesitamos sentir que pertenecemos a algún sitio y a un grupo de gente, y eso es casi imposible cuando te vas de viaje por un tiempo. Yo también necesito este año averiguar en qué futura ciudad voy a asentarme, porque, ahora que he vuelto a la mía de origen veo que no es realmente “mi lugar”. Lo bueno es que yo creo que ese “nuestro lugar” puede estar en muchísimos sitios del mundo, no en uno solo. ¡Mucha suerte con tu búsqueda de la pertenencia!

    1. gaby carreira dice:

      Hola, maja! 🙂 Qué bien leerte.
      Sí, efectivamente me cansa moverme tanto, por eso tiendo a pararme cada vez más desde que empecé a viajar. Encuentro que cuando sentimos que pertenemos sabemos un poco más quiénes somos, a dónde vamos o al menos tenemos algo a lo que agarrarnos y eso, me parece, ayuda a lanzarse a la intensidad de la vida con algo más de seguridad. No sé, voy a descubrirlo. Este año estamos en las mismas, pues.
      Mucha suerte, nos vamos contando. Un abrazote!

  3. Meli dice:

    Llevo mucho tiempo leyendo blogs y me gustaría decirte que el tuyo es de mis favoritos. Generalmente no comento nada (y no sé por qué!!)
    Gracias por tu honestidad. Yo si te creo valiente por haber escrito este post más cercano, humano; sobre ser nómada.
    Aunque yo sin haberme mudado nunca de este sitio también siento ese “despertenecer”.

    Ánimo en la búsqueda! Seguiremos leyéndote 🙂

    1. gaby carreira dice:

      🙂

      Muchas gracias, Meli! Me alegran tus palabras. Sí estaría bien que te pronunciaras más a menudo, siempre que quieras!
      Yo también sentí ese “despertenecer” mucho tiempo, supongo que por eso salí al mundo a buscar el “pertenecer”.
      Ya contaré cómo lo encuentro, de momemto lo estoy buscando en mí y creo que ese es el comienzo.

      Un abrazo muy fuerte desde Tailandia!

  4. Amparo dice:

    Hola Gaby,
    En este artículo has descrito con precisión algo que me viene rondando los últimos meses: “el propósito de crear un hogar, mi hogar. El lugar al que siempre volver, el origen de todas mis extensiones, el trozo de tierra en el que depositar mis raíces.”

    Justo eso es lo que yo también quiero para este año. Encontrar mi hogar desde ahora para el futuro, a ser posible en una ciudad junto al mar con buena gente, que si hay que viajar se viaja, pero siempre sintiendo donde se puede volver. 🙂

    ¡Que el 2017 consigamos nuestro gran objetivo vital! Un abrazo y disfruta de estos momentos de reflexión en tu viaje.

    1. gaby carreira dice:

      Hola, Amparo!

      Podemos crear un club de búscadores de hogar 🙂 Me alegra saber que muchos estamos en las mismas, en realidad, me hace sentir más en el lugar adecuado.

      La vida es una búsqueda en sí, supongo. Así que no podemos decir que vayamos mal.

      Nos vamos contando. Te deseo lo mejor en la construcción de tu hogar. Un besazo!!

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