2016: todo lo que aprendí después de una relación catastrófica

Un amigo me dice que nadie puede volvernos locos, que nos volvemos locos nosotros solos. Creo que a estas alturas ya puedo asumir la responsabilidad de mi propia locura y hacerme cargo; tal vez este post debería titularse “2016: el año en que aprendí a ser responsable de mí misma”.

Lo cierto es que pasé mucho tiempo culpando a alguien de haberme llevado al extremo, de haberme convertido en la peor versión de mí misma; hoy sé que mi cordura siempre estuvo en mi mano y yo la abandoné. Lo bueno es que en un intento de recuperarla me instalé en un balconcito de Ibiza a hacer lo más parecido a la meditación que conozco hasta la fecha y todo lo que soy ahora es el resultado de mi soledad de esos meses.

Instagram: @gabycarreirad

Todo lo que aprendí en 2016

Estoy haciendo esto por mí, en realidad. Este ejercicio de balance anual es un acto, si no de egoísmo, de supervivencia, y el hecho de compartirlo me compromete. Y he aquí una de las cosas más importantes que aprendí este año: compromiso.

1. Compromiso. Lo mío con el compromiso siempre fue estúpido: me comprometía intensamente con personas y tareas irrelevantes pero me daba miedo comprometerme con una relación y conmigo misma. Este año entendí que apostar por alguien es la más acertada de las apuestas y que comprometerme conmigo misma es una muestra de auto-amor. Eso sí, a veces se me olvida y ando vagabundeando dentro de mí misma incapaz de establecer un compromiso a modo de boya que me salve (queda apuntado para la lista de propósitos).

2. Placer por placer. Después de veintiséis años de hacer, de planificar, de moverme con una dirección (más o menos definida), empecé a entregarme al mero disfrute de la existencia. Sospecho que aún tengo que encontrar el equilibrio en esto, pero haber sido capaz de descubrir la vida como un lugar al que se viene a pasarlo bien me libera de la culpa del “debería estar haciendo algo productivo”.

3. Lentitud. Alguna vez conté por aquí mis problemas de ansiedad y de sueño; hoy puedo decir que ya no siento una presión constante en el pecho y me quedo dormida de manera natural en 10 minutos frente a un libro. He aprendido la vida a otros ritmos, las prisas me molestan, entiendo que las cosas van sucediendo a su propia velocidad natural. ¡No sólo sé esperar mejor, sino que he encontrado la vida en las esperas!

4. Nada es demasiado importante. O el efecto baba de caracol. La idea es no aferrarse demasiado a nada o no quedarse enganchado a las situaciones desagradables. Proyectos que no salen, decepciones, cambios de planes, cosas que se rompen, dinero que se pierde, discusiones… que resbale. Hay tanta vida, tantas oportunidades y cosas maravillosas que amargarse la existencia por lo que no pudo ser me parece absurdo.

"Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. 
Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, 
que el problema es sólo saberla vivir. 
Que cada uno lo resuelva como pueda…" 
- Frida Kahlo -

5. No hace falta gran cosa para ser feliz. Y este es otro de los grandes aprendizajes de este año. Supongo que será algo muy personal, pero yo ya sé que puedo rescatar momentos felices en cualquier rincón y que lo verdaderamente importante para mí es compartir con la Gente Adecuada. Todo lo demás es ornamental y, claro, siempre suma, pero entender que ya tengo todo lo que necesito me coloca en una situación privilegiada.

6. No saber es lo más normal. Y quien diga que lo sabe todo miente… o se autoengaña. Creo que la búsqueda de concreción es otra manifestación de la necesidad de control, es una búsqueda de seguridad. Saber nos sitúa en un mapa mental ficticio, nos ubica en la desorientación. Sin embargo, me parece que si uno se pregunta honestamente qué sabe con certeza, las respuestas no serían muchas. Y yo acabo de entender, a base de preguntar, que no saber quién soy es normal, que no saber a dónde voy es normal, que no saber qué quiero es normal, y que el reto es aprender a bailar con este no saber. El otro día, un nuevo amigo que me lee desde el mundo me contaba que después de viajar durante ocho años se encuentra más confuso y desorientado que nunca y lo cito porque él lo explica perfectamente:

“Hemos aprendido una serie de cosas que ahora mismo ponemos en duda. Ahí es donde viene la confusión. Es un proceso. Olvidar ideas antiguas para ir colocando las nuevas. Lo normal. Creo que todos los que intentamos cambiar nuestras vidas pasamos por ello, nada raro.”

(Gracias por tus palabras, majo)

Todo lo que queda por aprender

Me gustaría contar aquí que aunque aprendí todas estas cosas, a veces se me olvidan. A veces me desespero por no saber. A veces tengo prisa. A veces creo que mis confusiones son eternas, que no me importo tanto como para comprometerme conmigo misma, que debería estar haciendo otras cosas.

Aún estoy aprendiendo a verme sola en el mundo. Aún estoy aprendiendo quién soy. Aún estoy mejorando mi asertividad. Aún estoy cuestionando mis habilidades sociales. Aún estoy aprendiendo a aceptarme. Aún estoy aprendiendo a mostrarme vulnerable y aceptar mi propia mierd*. Aún estoy aprendiendo a pedir ayuda. Aún estoy aprendiendo a confiar en mí misma.

Aún estoy aprendiendo…

Y si no me hubiera roto de esa manera hace un año, jamás me hubiera sentado a juntar mis pedazos en aquella isla. Así que sí, y he aquí otra lección importante de este año: las crisis nos conducen a nuevas y mejores versiones de nosotros mismos si hacemos el ejercicio de recomponernos con cuidado.

Y en lo que iba a ser un café mientras leía, nació un post mientras se acaba el año.

¿Qué has aprendido tú en este 2016 que se nos va?

Plural: 2 Comentarios Añadir valoración

  1. Rocío dice:

    Sabés? el otro día estaba andando en bici (un hábito que recuperé hace poco y que, te juro, me hizo más que feliz), y me sentía muy contenta. Logré destrabar varias cosas que me tenían atada, que me hacían sentir pesada, y estaba contenta. Y me puse a intentar definir por qué me sentía tan bien y di con la clave “Hoy, soy una de las mejores versiones de mí misma”. Leer casi esas textuales palabras en tu post me hace pensar que tal vez para mí también fue un año de grandes aprendizajes. Brindo por ello 🙂

    1. gaby carreira dice:

      ☺ Brindemos.

      Y sigamos convirtiéndonos en mejores versiones de nosotras mismas.

      Un abrazo!

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